La enseñanza de un árbol…

Los llaman “robles victoriosos”, plantados por el Creador para mostrar su gloria.

Una de las maravillas del parque nacional Yosemite en California, es un bosque de gigantescos árboles secoya. Los secoyas pueden vivir por miles de años, su corteza está llena de ácido de manera que pueden resistir los insectos y sus raíces se extienden de forma que pueden hallar agua aún en los climas áridos, pueden ser impactados por los rayos y sobrevivir.

Uno de los árboles más extraordinarios, llamado el Telescopio está completamente hueco. Los visitantes pueden entrar al árbol por las raíces y mirar hacia arriba, donde no se ve nada más que el cielo. El árbol sobrevive porque la albura o círculo cerca de la corteza está verde y con vida, ese círculo es más importante que la mayor parte del tronco.

Algunos árboles demuestran una fortaleza maravillosa: brotan, florecen y crecen aún cuando hay razones que parecen indicar que van a morir.

Lo mismo puede suceder con usted aunque se sienta decepcionada por lo que le sucede a su alrededor, puede llegar a ser el círculo verde que brinda vida y crecimiento a todos los demás” esta maravillosa reseña me la envió como un aporte  Luis Arce.

Realmente maravillosa es esta obra de nuestro Creador. Estoy segura que se detendrá un momento, hará un alto en su ajetreado día a día: le enseñará a sentirse fuerte, llena de energía positiva, decidida a lograr sus sueños, a trabajar por lo que  anhela, a sentirse confiada y segura. 

Desde niña sueño con árboles, los he pintado de muchas maneras usando acuarelas, óleos, carboncillo, les he tomado infinidad de fotos, me detengo con respeto y admiración ante un tronco hermoso, diferente. El árbol muestra orgullo, es altivo y único, brinda frutos, sombra, alegría, tranquilidad, paz y ¿quién no se ha subido alguna vez  a un árbol para jugar?

El  árbol me sigue produciendo una fascinación increíble al pasar los años vividos: su majestuosidad,  la capacidad de perder hojas que veo volando desde mi ventana de oficina en el otoño, hasta recuperar su frondosidad en la primavera y verdor en el verano.

Crece como queriendo llegar al cielo, siempre es agradecido, nunca reclama nada, vive feliz con la misión que Dios le ha encomendado, no quiere parecerse a nada ni a nadie porque sabe que ha sido creado como un ser vivo único e irrepetible y respeta su propia autenticidad, nos libra de las impurezas del medio ambiente sin reclamar.

¡Cuánto tenemos que aprender del árbol! Escuché decir que antes de partir, tenemos que plantar un árbol, recuérdelo…

Subdecano de la prensa nacional
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