Mirando el Perú ¿Cuándo estará Toledo en Lima?

Veo con preocupación que muchos celebran la grave situación del ex – presidente Alejandro Celestino Toledo, y que, la inmensa mayoría de los medios de comunicación en serio y en broma han procedido a un linchamiento al “cholo sano y sagrado de Cabana”. Por principio este sub – decano de la Prensa Nacional no practica, ni avala ningún linchamiento mediático contra ninguna persona natural, o, jurídica. Somos enérgica y probadamente contrarios a todo tipo de corrupción y la combatimos, pero en un país donde es muy difícil hallar inocentes, especialmente en la clase política y la burocracia estatal, preferimos no sumarnos al carnaval del odio, y, como dice un viejo adagio popular: hacer leña del árbol caído.

    La situación del ex – presidente me produce una rabia natural por el tipo de delitos que parece haber cometido, pero también apena y avergüenza porque ha sido Presidente de la República, el cargo mas honroso y digno al que un ciudadano puede aspirar, y, su gloria, o, desgracia, directamente nos compromete a todos (incluyendo a los muy pocos inocentes políticos). En efecto, nuestra Constitución Política en el capítulo IV Poder ejecutivo preceptúa en su artículo 110º “El Presidente de la República es el Jefe del Estado y personifica la nación” la mas simple de las interpretaciones nos lleva a la conclusión que nos representa a todos los treinta y tantos millones de peruanos, que constituimos la Nación; y, de otro lado es el Jefe de Estado, vale decir, Jefe Supremo  de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, en adición y no menos importante, es el Jefe del Poder Ejecutivo – a mi criterio el primer Poder del Estado – designa al Presidente del Consejo de Ministros y a todos los ministros de Estado.

    Si en el párrafo anterior relievamos la enorme importancia que es ser jefe de Estado, agregaríamos que el artículo 118º de nuestra Constitución le dá 24 altísimas funciones, donde prácticamente le otorga todos los poderes y competencias del Estado; y, solo a guisa de ejemplo nos referiremos al 16º “Declarar la guerra y firmar la paz, con autorización del Congreso”; la 14º “Presidir el Sistema de Defensa Nacional; y organizar, distribuir y disponer el empleo de las fuerzas armadas y de la Policía Nacional”. Reconociendo lo gravísimo que es acusarlo de robarse los dineros públicos, su proceso penal para incluso detenerlo, y, todas sus directas consecuencias, no creo que dé motivo para alegrarse, ni proceder a ningún linchamiento político, si debe activarse todo el sistema anticorrupción y sus pertinentes dispositivos legales, para lograr su sentencia previo proceso judicial, y, el legítimo derecho de defensa, que es válido para todo ciudadano peruano.

    Deseo precisar algunos conceptos que alegremente son esgrimidos por “expertos” en nuestros medios de comunicación. La Interpol a nivel internacional no detiene, sino localiza a los personajes puestos en su código de alerta roja, y, luego de localizarlo informa a la Policía Nacional del país donde es ubicado, para que proceda a su detención. A partir de este momento comienza un largo y complicado proceso, porque para comenzar cada país aplica sus leyes internas, y, el derecho internacional público y privado, para ver si existe un Tratado de Extradición con el Estado solicitante, o, aplicar el principio de Reciprocidad (costumbre internacional) si fuere pertinente en el caso de Toledo. Hasta donde ha podido saberse, la Interpol ya lo ha localizado, e, informado al juez competente del Estado de California que es el único que puede ordenar su detención, lo que evidentemente por los días transcurridos, no ha procedido, tanto asi que se dice que, el Presidente Kuczynski ha intercedido ante Donald Trump, lo que en la practica tendría muy poca trascendencia porque en los Estados Unidos de Norteamérica si existe la división de poderes, y, el Poder Judicial tanto el Federal como el estatal si son autónomos (en nuestros países esto es solo una aspiración).

    Lo que nos “vendieron” los medios de comunicación de que la Interpol buscaría y detendría a Toledo y que, luego lo traería al Perú es una quimera, y, una auténtica ignorancia política y jurídica. La detención y deportación del ex – presidente procedería si hubiera infringido gravemente las leyes de extranjería, o, si su permanencia en USA fuera ilegal; lo que en la practica  es todo lo contrario, pues tiene sus papeles en regla, vive casi 20 años ahi y tiene trabajo estable, además de domicilio conocido, y, está al día en sus impuestos y demás tributos. De manera pues que detenerlo y expulsarlo hacia el Perú, debe descartarse de plano.

    Dadas las circunstancias el único camino es el de la extradición, donde jugarán un rol decisivo  tanto nuestro Poder Judicial como la Cancillería (¿estarán a la altura de las circunstancias? Ojalá): Existe un Tratado de extradición Perú-USA, donde para comenzar las autoridades judiciales peruanas tienen 60 días para enviar lo que se denomina el “cuaderno de extradición” al Departamento de Justicia de USA. Un aspecto muy importante a tener en cuenta es que debe especificarse muy claramente la tipificación del delito, que debe ser similar en ambos países.

    El cuaderno de extradición lo inicia el juez de la causa y con todos sus requisitos en regla debe enviarse a la Corte Suprema para su revisión, incluyendo una audiencia pública, donde se de la oportunidad que participe la defensa del acusado. Si todo es positivo, el siguiente paso es el Ministerio de Justicia que, luego de precisar formalidades lo presenta al Consejo de Ministros que de aprobarlo, debe enviarlo al Ministerio Público y a la Cancillería que, además  de practicar la traducción oficial debe presentarlo oficialmente al Departamento de Justicia de USA, donde comenzará otro procedimiento interno de acuerdo a las leyes estatales y federales que son rígidas y complicadas.

    Como puede verse estamos ante un proceso complicado y engorroso, lo mejor debió ser impedir la última salida del país del ex – presidente, pero faltaron reflejos en el sistema anticorrupción, que ya va teniendo varios desatinos en su monumental tarea (casos Lava Jato y Odebrecht) ahora no queda otra alternativa que iniciar ya, el procedimiento de extradición de USA, que según mi experiencia internacional, no solo que será complicado, sino que en el tiempo puede durar entre 6 ó 12 meses.

    Aunque con evidentes fallas, el proceso contra Toledo se ha basado en indicios y pruebas muy razonables; y, no se puede esgrimir el atractivo argumento que es un perseguido político, es un perseguido penal.

Subdecano de la prensa nacional
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