¿Cree en Papá Noel?

Hablamos en estas épocas navideñas de San Nicolás, Santa Claus o Papá Noel. Es un símbolo, una tradición en todos los países cristianos. No se trata de olvidarnos que festejamos un nuevo nacimiento de Jesús, pero no invalida mencionarlo y mirarlo en todos los escaparates, vitrinas, periódicos, revistas y por supuesto verlo en películas lleno de ternura, ofreciendo amor, consideración y solidaridad, porque eso es lo que representa.

Creer en Papá Noel es “creer por la magia de creer” y estar esperanzadas en la humanidad. La figura redonda, grande, de cabellos canos, vestido de rojo es representativa, así como  contemplar el árbol iluminado con sus luces intermitentes, nos llena de sentimientos…

Llenar la bota de Papá Noel con los pedidos y esperar la noche es magia para los niños. No es una figura para adorar, pero si para pedirle regalos, juguetes y algunos otros sueños.

Durante el fin de semana, vi una película en televisión, que me cautivó. Ya había comenzado, pero la magia de un gordo, panzón, vestido de rojo me emocionó con su sensibilidad y amor. Trabajaba en un gran almacén fotografiándose con los niños y recibiendo sus pedidos. Era feliz… hasta que la competencia celosa del éxito de este personaje, arma un ardid para que la gente dude, entablándole un juicio por engañar a los niños.

La gerenta de Recursos Humanos de la tienda le consigue el mejor abogado de New York para que lo defienda. Por añadidura está enamorada de él, pero siente mucha presión por su trabajo, su incredulidad e inseguridades, por eso lo rechaza.

El juicio es visto por todos los habitantes de la ciudad, grandes y chicos. Los medios de prensa lanzan la pregunta ¿Es difícil creer en Santa Claus? Se ve a los camioneros, trabajadores, obreros, empleados, familias completas que salen a las calles a decir que “sí creen” porque es alguien a quien le importan los sueños de los niños. No es una amenaza, no hace daño a nadie y protege el derecho de los niños a creer en un mundo mejor.

La Iglesia no ha aclarado cuál es su posición. Es un mito popular. En el Polo Norte existe la evidencia que los siete billones de habitantes creen que existe en el nivel de los sueños, además al reno lo ven volando sólo en épocas de Navidad.

En el juicio sale a relucir la duda sobre la existencia de Dios preguntándose ¿Caben dudas que no existe? Así como también ¡No hay forma de probar que  existe! Si no pueden creer por fe, estarán conminados a una vida dominada siempre por el dilema de las dudas.

Los milagros existen: la hija de la gerenta le regala al juez una tarjeta de Navidad con un billete de US $ 1.00 engrapado y subrayada la leyenda “In God we trust” (En Dios confiamos).  Se queda pensativo y anuncia que tomará la decisión el 24 de diciembre a las 12 del día. Una multitud espera el dictamen en las calles. No se habla de nada que no sea este tema. La gente necesita creer. 

El juez dictamina aceptando la existencia de Dios, así como la fe colectiva en el billete respaldado por el gobierno, por lo tanto también acepta la existencia de Santa Claus.

El viejo, gordo, risueño gana el juicio. Los niños gritan, no hay argumentos de desconfianza, la algarabía del público es total. El abogado argumenta ¿es mejor algo falso que nos haga creer o algo cierto que nos haga dudar? Happy end: se casa la ejecutiva con el abogado por un complot del Papá Noel con la niña.

 

Feliz Navidad a todos, jo,jo,jo…

Subdecano de la prensa nacional
Share
Tweet
+1