No solo PPK ¡Que se vayan todos!

Como todo peruano demócrata, activo militante de la gobernabilidad y del respeto a la Constitución, y, las instituciones que sustentan nuestro Estado de Derecho, me siento muy preocupado y decepcionado, con la gravísima situación actual, a la que hemos llegado por varios factores, todos negativos y contrarios a los intereses del Estado, y, del pueblo en su conjunto.

         Todos sabemos lo que nos está costando cimentar nuestra aún débil democracia, y la inminente vacancia del Presidente Constitucional, nos hace retroceder varios pasos que incluso nos constaron sangre, enfrentamientos y la prácticamente desaparición de la institucionalidad y el estado de Derecho, por una Dictadura encubierta que sometió, silenció y alquiló los diferentes medios de comunicación, y, desconoció los derechos humanos mas elementales; sin embargo, no aprendimos la durísima lección que nos dejó el anti-democrático gobierno de los años 90. Luego de un año de paz, orden y decencia que nos transmitió ese pequeño gran demócrata que fue Valentín Paniagua, vinieron una serie de personajes de la política tradicional que con su abuso del Poder, y, falta del bien entendido patriotismo, nos están empujando a situaciones negativas que ya creíamos superadas: Toledo que actualmente es una especie de reo contumaz, García Pérez que cada día es mas cuestionado y cuyas cuentas aún no cuadran; luego Humala que junto con su esposa está con prisión preventiva, hasta que llegamos al anciano Pedro Kuczynski Godard ¡Que tal equipo!.

         Kuczynski Godard siempre ha sido un reputado economista, asesor financiero, empresario, y, especialmente un exitoso lobbista, tanto en el Perú, como en el extranjero. Sucede sin embargo que, siendo un exitoso y adinerado representante del empresariado nacional, incursionó también exitosamente en la política, siendo Ministro de Energía y Minas con Belaunde, y, alternativamente Ministro de Economía – Finanzas. Primer Ministro y Presidente de Pro- Inversión con Toledo, pese a lo cual nunca dejó sus excelentes negocios de la empresa privada. Pese a su supuesta experiencia por los cargos políticos que desempeña a lo largo de muchos años, nunca aprendió (o no quiso) a diferenciar algo tan elemental para un ciudadano medianamente instruido: el cargo político obliga a cuidar los intereses y negocios del Estado; mientras que el empresario privado (lobbista para remate) procura ganar lo máximo posible en resguardo de su inversión, y, digámoslo coloquialmente «defendiendo su bolsillo». El vapuleado PPK nunca aprendió esta breve lección, y, fue político sin dejar sus negocios privados.

         Ya los acontecimientos son de público conocimiento, por eso me centrare en la “agonía política” de los últimos días. Este domingo por la noche estuve mentalmente preparado para encontrar algún argumento, prueba, o, indicio que pudiera dar la pista para una defensa honorable a la gravísima acusación que nunca contestó ni con seriedad, ni con contundencia. Pese a mis esfuerzos no encontré nada valioso ni sustentable. En efecto, su ahora famosa empresa Westfield Capital, que se fundó en fecha diferente a la que él había declarado anteriormente, según sostuvo en la entrevista, ya no tenía ningún vínculo con él porque al ser elegido ministro se la dejó a su íntimo amigo chileno Gerardo Sepúlveda; y que no quiso saber nada de ella. Sucede que esta empresa pactó honorarios y cobró asesorías al Estado siendo Ministro, más aún reconoció que es su empresa unipersonal y el dueño absoluto, y que, sí recibió años después dividendos porque él se alejó de su  manejo, pero siguió siendo de su propiedad, aunque los dividendos no sabría exactamente de donde provenían.

         Durante su función Ministerial se dieron múltiples ventajas, y, grandes contratos a Odebrecht ¿puede ser esto creíble, en un empresario de su experiencia?  además no mostró ninguna prueba que comprobara su alejamiento temporal de Westfield Capital, pese a que la periodista Roxana Cueva, insistió en la pregunta, y, con el paso de las horas, tampoco ha dado alguna evidencia de tratar de demostrar con documentos este alejamiento, punto que es medular en su acusación, o, en su defensa.

         Antes de su deslucida presentación televisiva, numerosos grupos de jóvenes y adultos tomaron las calles del centro de Lima, pero no para defenderlo, sino para atacar fuertemente al autoritario parlamento mayoritariamente fujimorista; y, especialmente, a su jefa la ahora cuestionada Keiko Fujimori, acusándola mediante pancartas que ésta con sus acciones (vacancia incluida) está llevándonos peligrosamente a convertirnos en Narco-Estado.

         Este domingo 17, en la columna de Alfredo Torres (“La caída de PPK”) se consignan estadísticas realmente lapidarias: el 57% del público quiere que Kuczynski deje el Gobierno; y, de otro lado el 61% quiere que el Presidente disuelva el Congreso, cifras que por lo demás se nota que son ciertas, en las conversaciones cotidianas con la gente común, por lo que no es aventurado afirmar, que el pensamiento mayoritario es “Que se vayan todos”.

         No cabe duda, especialmente después de su última presentación televisiva, que PPK ha incumplido lo estipulado, entre otros, en el Art. 126 de la Constitución, por haber realizado aún cuando fuera indirectamente: negociación indebida, tráfico de influencias y concusión porque un Ministro no puede gestar intereses propios, ni continuar con su actividad privada. No parece tener chance para salir airoso de su grave confrontación de este jueves en el pleno del Congreso donde los 87 votos para su vacancia parecen asegurados; siendo así sería menos traumático su renuncia. De una u de otra forma, debe respetarse escrupulosamente la Constitución, mediante su reemplazo por el primer vicepresidente . Así lamentablemente, se terminaría el gris mandato del indefinido PPK.

         No es la primera vez que pasa en América Latina, pero es real y muy lamentable que la gente, harta de la clase política y de la corrupción, pida ruidosamente ¡Que se vayan todos!.

Subdecano de la prensa nacional
Share
Tweet
+1