SEA FELIZ TRABAJANDO

Al vivir en un país católico como el nuestro considero necesario  que se conozca y se recuerde uno de los más importantes puntos de la Encíclica de Juan Pablo II “Laborem Excercens” que se pronunció para esclarecer un tema que en el mundo ha adquirido connotaciones importantes.

Es por esta razón que el Pontífice se ocupó del trabajo y afirmaba que “El primer fundamente de valor del trabajo es el sujeto, es decir el hombre mismo” En otras palabras: el trabajo está en función del hombre y no el hombre en función del trabajo y reafirmaba como el hombre se realiza.

En el mundo moderno y por una serie de circunstancias las personas adultas, maduras, responsables y que trabajan en forma continua, intensa y leal no lo hacen solamente por los incentivos económicos, sino como una forma de realizarse en lo personal y de contribuir a la grandeza y satisfacción del bien común. 

Nuestro centro de trabajo es el lugar (sin olvidar que casi una cuarta parte de nuestro tiempo permanecemos ahí) donde podemos realizarnos.

Recuerdo siempre una experiencia vivida hace más de catorce años.

Trabajaba en un banco nacional en mis pininos de carrera bancaria. Todos los que trabajábamos en esta entidad sabíamos y reconocíamos que estábamos mal pagados; pero nos sentíamos felices… éramos un solo grupo humano en nuestras responsabilidades, nos quedábamos fuera de hora (sin cobrar horas extras) y sentíamos nuestro trabajo como una bendición, no como una carga ni mucha menos.

Me ofrecieron un sinfín de oportunidades de trabajo y muchísimo mejor remunerado.  En una ocasión especial me tentaron. ¡No sabía que hacer!

Al conversar con mi madre aquella vez, que nunca he olvidado, sabiamente, me preguntó: “Frieda, ¿te sigues levantando todos los días sonriendo y contenta para ir a trabajar?”

Le respondí afirmativamente y asombrada.  Ella sólo dijo: “Entonces no lo dejes” y nada más.

No tuve que hacer mucho esfuerzo para comprenderla y así lo hice, me quedé, sin poder ahorrar ni un solo centavo… ¡pero feliz y contenta!

Después vinieron tiempos mejores, como todo en la vida, especialmente cuando se le tiene Amor al Trabajo, amor a Mi Trabajo, es decir amor al trabajo concreto y específico que se tiene.

¿Y cómo se logra ese amor tan especial?

En una búsqueda incesante de la excelencia, trabajando con pleno sentido de responsabilidad, entendiendo que su trabajo es deber sagrado, primero con usted misma, luego con el centro de trabajo y con la sociedad entera.

Por favor recuerde siempre que el trabajo no es un castigo, ni mucho menos… el trabajo es una bendición que tiene que desarrollarse con afán de perfección individual.

Walter Uphaus lo recuerda: “Es usted solamente un engranaje de la rueda” No piense solamente en usted misma o en su trabajo específico.  Interésese en el resultado total y final.  Es usted parte de un equipo, del equipo de un país que tanto lo necesita.

Subdecano de la prensa nacional
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