Glorioso Combate Naval del 2 de Mayo

La emblemática Plaza Cañón del Pueblo del Callao, hoy, a partir de las  10 de la mañana será escenario de la ceremonia Cívico Patriótica por el 152º Aniversario del Combate Naval del 2 de Mayo de 1,866 en la que el pueblo chalaco como un sòlo Perù  junto a civiles y militares  de todos los rincones de la Patria, defendió con alma,vida,corazón y entrega al primer  Puerto Sagrado, rechazando la agresión externa a nuestro país llevada a cabo por los realistas españoles.

Dicha ceremonia será presidida por el Comandante General dela Marina , Almirante Gonzalo Ríos Polastri; acompañado de autoridades políticas de nuestra Provincia Constitucional, miembros  del Ejército y Fuerza Aérea, así como  representantes del clero.

Como ocurre  todos los años se colocarán ofrendas florales de diferentes instituciones, al pie del busto del Coronel José Gálvez Egúsquiza , rindiendo tributo al valor y gallardía del mencionado héroe  que murió heroicamente en la Torre de la Merced de la Fortaleza  del Real Felipe.

Fue un triunfo importante, no solo para el Perú sino también para toda América Latina, pues significó la paz definitiva con España. En esa parte de la historia los peruanos se unieron con dos objetivos claros: no permitirían otra humillación del reino español y, en segundo término, no estaban dispuestos a ceder sus ingresos por el boom del guano.

         DATOS HISTORICOS

Después de la Batalla de Ayacucho, todos los países hispanoamericanos, excepto el Perú, habían firmado tratados de paz con España, mediante los cuales esta nación reconocía su independencia.

En ese contexto, a mediados de 1863 se presentó en el Pacífico una escuadrilla española compuesta por las fragatas Resolución y Nuestra Señora del Triunfo así como por la goleta Covadonga, que llevaba a bordo una Expedición Científica con el propósito de estudiar las antiguas posesiones españolas.

El Coronel Mariano Ignacio Prado se levantó en Arequipa y tras casi un año de guerra civil logró hacerse del poder, repudiando el referido tratado y reiniciando las hostilidades. Previamente se había firmado un acuerdo con Chile, al que luego se sumaron Bolivia y Ecuador, de modo de actuar unidos contra España y cualquier intento de restablecer su dominio en América.

En aquellos momentos nuestra escuadra no contaba con naves capaces de enfrentarse con la poderosa fuerza naval española, dado que aún se hallaban en construcción en Inglaterra el monitor Huáscar y la fragata Independencia. Fue por ello que se envió a nuestras cuatro naves principales al sur de Chile, donde debían aguardar el arribo de los dos nuevos blindados para actuar luego en conjunto contra la fuerza enemiga. Tres de estas naves, la fragata Apurímac y las corbetas Unión y América tomaron parte en el Combate Naval de Abtao ocurrido el 7 de Febrero de 1866 en el canal de Challahué, formado entre la isla Abtao y el continente. También se encontraba en aquella oportunidad la goleta chilena Covadonga, conformando todas estas naves la denominada Escuadra Aliada, que bajo el mando del audaz e intrépido Capitán de Navío peruano Manuel Villar rechazó en forma brillante el ataque de las fragatas españolas Villa de Madrid y Blanca, combatiendo durante varias horas hasta que las naves enemigas optaron por retirarse.

Después de este infructuoso intento de doblegar a nuestras fuerzas, el jefe naval español, brigadier Casto Méndez Núñez, cambió su táctica y optó por una más pérfida: la de bombardear el puerto chileno de Valparaíso, y luego el del Callao. El castigo ante el primero de los mencionados ocurrió en abril, no hallando resistencia por parte de su indefensa población.

Con este antecedente el Callao corría un peligro inminente. Aún se tenían esperanzas del pronto arribo de los blindados Huáscar e Independencia, ambos con poderosa artillería, pero el recorrido por la vía del Estrecho de Magallanes era largo y la posibilidad de defender el honor nacional con esas unidades podía esfumarse.

Al advertirse la amenaza sobre el Callao, el gobierno dispuso de las defensas necesarias a cargo de la Marina y del Ejército, instalándose cincuenta cañones agrupados en varias baterías, incluyendo una dirigida a la zona conocida como la “Mar Brava” en previsión de un ataque por retaguardia

Debemos destacar el importante papel que cumplió la pequeña escuadra que se logró formar –recuérdese que la escuadra aún se hallaba en el sur, que se ubicó al centro de la zona de defensa, cerca del muelle, cubriendo el espacio poblado de la ciudad, donde no había baterías. Esta fuerza naval se hallaba conformada por el vapor Tumbes de sólo 250 toneladas armado con dos cañones rayados, en donde izó su insignia el Capitán de Navío Lizardo Montero, como Comandante General; el Loa convertido en monitor, con dos cañones: uno a proa y otro a popa; el Victoria, con ariete y un sólo cañón de torre giratoria, y los pequeños buques Sachaca y Colón, pobremente artillados. Los bravos comandantes peruanos al mando fueron Juan José Raygada, Camilo Carrillo, Juan Antonio Valdivieso, Toribio Raygada y Patricio Iriarte.

Numerosos marinos conjuntamente con los oficiales del Ejército, contribuyeron con su experiencia en la dirección de las piezas de grueso calibre instaladas en la ribera y tuvieron a su cargo la interpretación de los mensajes correctivos en clave de los señaleros de los buques. Así, oficiales de marina, personal subalterno y marinería, tanto en los buques como en tierra, brillaron en la defensa del honor nacional, conjuntamente con los miembros de otras fuerzas y con la ciudadanía entera, que frente al ocasional adversario, escribieron con letras de oro una página de gloria en nuestra historia Republicana.

La poderosa escuadra española fondeada frente a San Lorenzo desde el 26 de Abril, bajo el mando del brigadier Casto Méndez Núñez, se hallaba conformada por las fragatas Numancia, Blanca, Villa de Madrid, Resolución, Berenguela y Almansa, integrando tres divisiones y apoyadas por los buques auxiliares Vencedora, Marqués de la Victoria, Matías Cousiño y Paquete de Maule.

Al tiempo que esto sucedía, nuestros bravos defensores experimentaron un duro golpe en la torre de La Merced, en donde por accidente se prendió fuego a la munición, causando esto la explosión de la torre y la pérdida de todos los que allí se encontraban, entre ellos el Ministro de Guerra y Marina, don José Gálvez, quien desde allí había dirigido el combate, encarnando el espíritu de heroicidad, valor y arrojo que mostraron los peruanos aquel día.

Los cañones de tierra y los cañones de nuestros buques siguieron disparando hasta el último momento. Precisamente los últimos cañonazos fueron del monitor Victoria, que rubricaron con su nombre la gloriosa jornada.

Nuestros marinos fueron temerarios en la lucha, derrocharon un valor extraordinario. Así por ejemplo, en un momento del combate, cuando el puerto era un solo tronar de cañones, el pequeño Tumbes, no obstante su escaso poder de fuego, arriesgó una salida valiente y se metió entre los buques enemigos, desconcertando por su audacia y habilidad a los veteranos españoles. Por su parte, el Loa y el Victoria acertaron muchos tiros, sufriendo naturalmente por su arrojo algunos impactos. La Numancia y la Vencedora fueron los últimos buques españoles en retirarse, aproximadamente a las 5 de la tarde y lo hicieron lentamente, recibiendo aún el tiro de nuestros buques.

Señores: las acciones heroicas en las que fueron protagonistas miembros de nuestra Gloriosa Marina de Guerra al lado del pueblo peruano en aquella memorable jornada del 2 de Mayo de 1866, constituyen una invalorable lección de patriotismo y muestra de un gran espíritu de sacrificio.

Rindamos el día de hoy el justo homenaje que merecen todos aquellos que con su sangre y valor nos dieron un digno ejemplo de abnegación y entrega por la patria, ejemplo que como marinos de guerra debemos aprender y mantener por siempre.

Subdecano de la prensa nacional
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