¡Vergüenza ajena!

En este mes de marzo, mes de todas las mujeres, no puedo dejar de recordar aquella vez que vi las noticias en la televisión con mi nieta Isabella en aquella época de 9 años mientras ella terminaba de colorear unas láminas para su colegio… dejó de pintar y escuchamos escandalizadas algunos audios presentados en nuestra pantalla…

Sus comentarios de niña me dejaron impresionada: “Abi, ¡estos hombres creen que las mujeres somos inofensivas, pero cuando nos sabemos defender, sí que nos defendemos!

¿Cómo un hombre de clase y con alguna educación, se atreve a insultar a la mujer que le ha dado un hijo, a la abuela o a su madre?

Cómo pueden gritarle y decirle “¡cómo crees que me vas a ganar si eres una demente, te voy a destrozar, a cortar a pedacitos, me llevaré a tu hijo, desgraciada!” 

Quiero darte otra opinión más: “Yo he escuchado el vocabulario de algunas personas lisurientas (no te voy a decir dónde) pero esto que estamos viendo es inaceptable… ¿Cómo un hombre que ha demostrado no tener ningún amor ni valores puede ser un hijo de Dios?” yo no salía de mi asombro con esta demostración de madurez, de educación, de conceptos propios y por cierto de los valores que  estaban anidando en su corazón y que la iban a llevar por el buen camino en su vida futura… las lágrimas se me caían de emoción…

Se escucha decir que vivimos con “niños de la nueva era”, que son capciosos, índigos e inteligentes y que desde muy niños con opiniones personales y buen criterio, yo suelo decir que ya vienen con su disco duro programado desde el cielo…

Volviendo al tema, es inaceptable que hayan transcurrido 9 años desde esta experiencia con Isabella y lo sigamos viendo en las noticias, videos y leyendo en todos los diarios como esta situación sigue presentándose y como mujer, madre, abuela, hermana, amiga me siento enojada, dolida, indignada, impotente.

No se puede seguir permitiendo, no solo que hombres  poderosos, congresistas de la república con rostros conocidos en nuestra pantalla televisiva, hombres con dinero y cierta educación, sean capaces de transformarse en monstruos que, con apariencias engañosas y sin ninguna catadura moral enloden a una mujer, por más culpable que consideren que es, sino en todo tipo de hombre…

¿Es tan fácil olvidar que todos hemos nacido de una mujer? ¿Ese es el respeto, la consideración y el amor que se le tiene a otro ser humano?

Nadie que esté en su sano juicio, que sea decente, moral y honesto puede esconder el rostro y dejar mensajes amenazantes utilizando un tono de voz aterrador, sarcástico, de odio y de locura insana en un teléfono, ni tampoco gritar delante de los hijos o vecinos.

Lamento profundamente por lo que están viviendo muchas mujeres en el mundo entero, no solamente por las agresiones físicas que han tenido que pasar, muchas veces al lado de sus hijos, sino por las agresiones verbales y psicológicas de sus experiencias vividas y que aún pueden estar viviendo, sin que la justicia haga nada al respecto.

Que se insulte a una mujer que es la madre de un hijo, que se la tilde de basura, traicionera, maldita, prostituta clandestina, falsa, mentirosa, delincuente, es más que suficiente para que se le enjuicie y pueda la mujer defenderse como una leona herida.

Según las estadísticas en nuestro país 4 de cada 10 mujeres sufren violencia física o psicológica… ¿qué estamos esperando, que mueran más mujeres para que recién el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) puedan hacer algo? ¿Es que nadie puede hacer algo para detener estos crímenes?  

Se han registrado 33.5% más de denuncias que las recibidas en años pasados, todos son casos de maltratos y agresiones contra mujeres indefensas, más de 100 mujeres han sido asesinadas a manos de sus propios esposos, convivientes o parejas, mientras que en cada hora una mujer sufre violación sexual.

El gran reto en el Perú debería ser concentrar esfuerzos y recursos en campañas de prevención contra cualquier tipo de violencia en las familias peruanas. Es indudable que siendo una constante que este fenómeno se dé mayormente en países aún machistas y extremistas que basándose en la religión siguen creyendo que son dueños absolutos de sus vidas y de los cuerpos de las mujeres.

¡Las mujeres no somos ciudadanas de segunda categoría, ni objetos que se pueda disponer al  antojo! Por eso recuerde una vez más: “A una mujer, ni con el pétalo de una rosa”

Subdecano de la prensa nacional
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