TUPAC AMARU II

Dejó sus riquezas para liberar a su pueblo. …Eso lo hace más grande todavía

adol1A su hijo menor, al ser un niño no fue ejecutado, pero sí se le obligó a presenciar la atroz ejecución a toda su familia. Luego de ese ceremonial de extrema crueldad, lo enviarían al África donde se cumpliría la pena de prisión perpetua. El virrey Agustín de Jáuregui, le imploró a la corona que no fuera encarcelado en el África sino en España porque podría alguna potencia enemiga  rescatarlo. Pero un accidente en el navío determinó que terminara el viaje en Cádiz, donde cumpliría la pena.

El que lo hayan hecho presenciar esas horrendas torturas a sus hermanos que fueron arrastrados en sacos por caballos  y, luego la sangrienta ejecución de sus padres y al final, empujado a pasar por debajo de la horca para que mire de cerca a  todos  los suyos muertos, delata la descomunal cobardía del Virrey y su parentela política a la cruenta movilización del pueblo indio y mestizo.

Pero cuando se ordena mandarlo bien lejos de su patria allende el Atlántico y no tan cerca de adol2Madrid, pone en evidencia que ese  miedo se engendra en las entrañas del imperio español a la obvia continuación de la insurrección del Cacique,  gran prócer de la independencia de nuestra patria.

Y no era para menos, los cronistas de la época testimoniaron que el movimiento liberador de Túpac Amaru tuvo un impacto continental que abarcaba todos los dominios españoles. Hubo aproximadamente 80 mil muertos de una población de 1.8 Millones según las investigaciones de Charles F. Walker. Este historiador confirma que fue la insurrección más violenta registrada en el mundo en esa época.

Y tiene razón: Hubieron más muertos que todas las bajas juntas de Bolivia, Perú y Chile en la guerra del 79; más que los muertos del terremoto y el aluvión de Yungay en 1970, muchísimo más que todos los conflictos armados con Ecuador y, más que la guerra interna de 15 años con Sendero.

Sahuaraura Tito Atauchi, Cacique de Pisquicanchis, testimonió que los indios se arrojaban a pelear en las batallas sin temor y ciegamente, pero aun estando mal heridos no querían invocar el nombre del Dios de los españoles.  Las creencias indígenas aceptaba a Túpac Amaru casi como dios y liberador de los oprimidos.  El mito de Inkari, al imaginar el regreso de un Inca para enderezar el mundo injusto, era un símbolo unificador poderoso usado para unir a las poblaciones indígenas divididas por la geografía y las fronteras étnicas.

adol3En 1780, nueve años antes de la Revolución Francesa, el heroico y noble cacique José Gabriel Condorcanqui, se levantó en defensa de los derechos fundamentales indios y seguidamente proclamó la libertad de los esclavos negros. Necesitó entre 5 y 7 años preparar la insurrección y la inició 4 años después de la independencia de EE.UU. y 38 años ya transcurridos de la rebelión de Juan Santos Atahualpa. Es que estaba empezando la revolución industrial, por eso el viejo y el nuevo mundo empezaron a sacudirse de las clases dominantes retrogradas.

“Fernando, así se llamaba el hijo menor de Túpac Amaru terminó  en la fortaleza del Real Felipe en el Callao, tres años después del sacrificio de sus padres. Lo hicieron caminar desde el Cusco durante 70 días con algunos familiares que se salvaron de morir en la masacre. Tenía 10 años; meses después lo embarcan en un navío rumbo a mares lejanos”. (José l. Ayala Olazával)

El Cacique de Pampamarca, Tungasuca y Surimana era de origen noble, tenía por línea recta femenina el apellido de Túpac Amaru.  Doña Juana Pilco Waco, hija del último Inca Túpac Amaru, ajusticiado por el Virrey Toledo en la Plaza del Cusco en 1572, contrajo matrimonio  con el Cacique Diego F, Condorcanqui. Cuatro generaciones después nace Túpac Amaru II. (Carlos D. Valcárcel)

Relata José L. Ayala, que el navío llegó a Río de Janeiro; allí repararon el barco para atravesar el Atlántico, y ya frente a las costas de Portugal, en Peniche, la nave naufragó al entrar al ojo de una tormenta. No sabía nadar, pero gracias a la ayuda de uno de los jóvenes oficiales el muchacho se salvó. Al llegar a tierra, una astucia hace que  no lo tomen prisionero, al decir a las autoridades que él había sido “ayudante de un oficial ahogado”. Deambula en las costas de Peniche, al final decide entregarse a las autoridades españolas, pensando que por este gesto lo iban a librar de los castigos y las penas, que luego sufrió.

Lima vista por Humboldt

adol4La Lima que Humboldt conoció a comienzos del siglo XIX había recibido el influjo de varias corrientes nuevas de pensamiento y había sufrido algunos cambios decisivos fundamentalmente durante los gobiernos de los virreyes Agustín de Jáuregui (1780-1784), Teodoro de Croix (1784-1790), Francisco Gil y Lemos (1790-1796), Ambrosio de O’Higgins (1790-1801) y finalmente Gabriel de Avilés (1801-1806). En 1784 bajo el virrey de Croix, las reformas borbónicas se manifestaban en el Perú, por ejemplo en la división del territorio en siete intendencias. Se sufrían aún los efectos del levantamiento de Túpac Amaru (1780-1781) y de la creación del virreinato del Río de la Plata (1776). En 1792, el virrey Gil y Lemos hacía un censo de la población de Lima que llegaba a 52,627 habitantes. El Perú de entonces alcanzaba 1.076,122 habitantes. (Autor: Eduardo Orrego Acuña. Publicado en: La casa de cartón, Revista de Cultura, de OXY, II Época N°12, 1997.)

“Fernando Túpac Amaru murió en agosto de 1799 a los 31 años;  19 años después de la rebelión de su padre y, a una década posterior a la Revolución Francesa. Al morir sabía que en Ceuta estaba detenido su tío Juan Bautista Túpac Amaru, quien quince años después regresó vía Buenos Aires y  fue  uno de los referentes del proceso de independencia de las Provincias Unidas del Sur. Este cautiverio y agonía sin fin, libro/memoria que nos honramos en prologar, está construido a partir de información verídica, – mensajes, notas, facturas, cartas, recibos, reclamos etc. –  escritos por el propio Fernando Túpac Amaru, que obran hoy en los registros españoles, en particular en el Archivo General de Indias. La historia de la humanidad no registra castigo semejante contra un infante, como este de obligarlo a ser testigo de la atroz ejecución de su propia familia: Fernandito tuvo que presenciar el odioso cumplimiento de ese feroz Protocolo Borbónico, establecido para crímenes considerados de Lesa Majestad.

  Esperamos el momento de los grandes cambios, cuando la gobernanza del presente no esté de  espaldas a la Historia, entonces junto a la gestión sostenible de los recursos naturales y la recuperación de piezas arqueológicas –como las de Machu Picchu-  se repatriarán también los documentos históricos peruanos dispersos por el mundo – ¿ Sin duda la restitución mayor sería el retorno de los restos olvidados del joven Fernando Túpac Amaru, a quién la Nación en pleno deberá recibir con los Honores de Jefe de Estado, como correspondería a la dignidad del último de los Túpac Amaru, póstumo descendiente de los dignatarios Incas.” (Edgar Montiel)   

En el primer centenario de la gesta de Túpac Amaru (1880) El Perú estaba invadido por la soldadesca chilena, cual marionetas del imperio Inglés. En el segundo centenario (1980) nos estábamos preparando con la hacendosa ayuda de los “Chicago Boys” para ser fieles ejecutores del recetario llamado “Consenso de Washington” (1989). Es decir, hemos estado muy ocupados, como para acordarnos de ese gran héroe.

Salvo el Gral. J. Velasco Alvarado que le cambió el nombre a uno de los  Salones de Palacio de Gobierno por el de Túpac Amaru. (Un gesto político y simbólico sin precedentes) Durante más de 50 años del siglo XX, ese salón llevaba el nombre de Pizarro. Igualmente en su gobierno se construyó una avenida de 22 Kilómetros con su nombre en el Norte de Lima. Porque antes en las calles de la capital  no tenía cabida el nombre de nuestro héroe. Y, es que la derecha “peruana” sigue siendo colonialista y en su corpiño se cobija el visitador Areche. Y así, suelta en plaza continúa  gobernando el país.

Subdecano de la prensa nacional
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